Mesa Dimensión Humana

MESA Dimensión Humana: El compromiso del médico de familia: entre la consulta y los programas electorales

 

Moderadora:
Covadonga López Truébano
Médico de familia. Coordinadora de la Unidad Docente deMFyC de Asturias. Miembro del Grupo Impulsor del programa “Dimensión HUMANA”.

 

Resumen:
Muchos médicos de familia sufren cada día la creciente dificultad de gestionar sus consultas y de dar buenas respuestas a las incesantes demandas de sus pacientes. A su vez estarían percibiendo a políticos y gestores como unos entrometidos que no aportan valor y que tratan la asistencia sanitaria en términos productivos y cuantitativos, desatendiendo lo cualitativo y por supuesto el valor de la relación en la práctica clínica; éstos a su vez se alarman y se oponen a la posibilidad de dejar trabajar a los médicos sin ningún tipo de dirección o control o de delegar en la propia profesión el ejercicio del mismo. En medio de todo ello está lo social, las personas y los pacientes, como un factor más, que ha cambiado mucho en los últimos años respecto a sus valores y sus costumbres, pero que sigue lejos de ocupar una posición central e influyente sobre el conjunto del sistema.
Estas breves afirmaciones, compartidas seguramente por muchos, deberían contar con un contrapunto mas esperanzado, con una vía de salida capaz de dibujarnos un escenario en el que tanto en los niveles micro (la consulta: relación médico-paciente, el método clínico, etc), meso (enfoque operativo: la gestión, la calidad, etc.) y macro (niveles político y social) fuera posible desarrollar enfoques que nos sitúen a todos en una convergencia sinérgica o en una relación positiva de mutua ayuda. Se trata pues de una mesa que parte de la idea de que existe un desencuentro entre los distintos agentes que intervienen en la planificación, gestión, provisión, demanda y consumo de servicios sanitarios en España y con la esperanza de encontrar el modo de corregirlo.

 

Ponentes y contenido:
1. El compromiso del médico de familia: entre la consulta y los programas electorales
Cristina Viana Zulaica
Médico de familia. Jefe de Servicio del EAP de Elviña, A Coruña.

 

Resumen:

La salud de las personas está influenciada por la forma de organización social, política y económica de las comunidades en las que viven. La promoción, la prevención, la curación y la rehabilitación de la salud funcionan en la medida en la que se ponen en marcha políticas de salud que favorezcan su desarrollo y dispositivos de organización sanitaria que les den cobertura. En nuestro país en los últimos años ha habido cambios muy importantes enmarcados en el nuevo Servicio Nacional de Salud con su característica definitoria de equidad. Las modificaciones que ha de hacer la organización para adaptarse a la evolución social obliga a la introducción de cambios que van haciendo los responsables políticos del momento. El deseo de los diferentes partidos de desmarcarse de sus competidores durante los períodos electorales les obliga a buscar programas sanitarios más novedosos, atractivos y si es posible con una oferta diferenciadora capaz de captar la atención y un mayor número de votos. ¿Qué lugar ocupa el médico de familia en este escenario?

Los medios de comunicación muchas veces se hacen eco de declaraciones en las que políticos o gestores se comprometen con los ciudadanos a mejorar aspectos muy concretos de la atención sanitaria bien sea para conseguir más agilidad y accesibilidad o para ofrecer un nuevo servicio en la oferta pública. Estos compromisos en general son bien aceptados porque se trata de cambios necesarios, la sorpresa se produce cuando se comprueba que la nueva actividad se ha de hacer los mismos medios, la misma dotación presupuestaria y el mismo número de personas capacitadas para hacerlo. El contacto diario con los pacientes nos proporciona la mejor información sobre lo que los pacientes quieren y lo que necesitan. También sabemos que satisfacer sin criterio todo lo que el paciente quiere haría insostenible el sistema, pero atender lo que el paciente necesita lo haría equitativo. Es precisamente en este esfuerzo por la sostenibilidad por lo que aceptamos las normas de contención del gasto, sorprende que las altas estructuras parezcan menos preocupadas que nosotros por dicha sostenibilidad.

El médico de familia, fiel a su compromiso con el paciente y a los valores que siempre ha venido defendiendo frente a la sociedad, desea ofrecer la mejor atención a sus pacientes, adaptada a sus necesidades, a los últimos avances en el conocimiento científico y en las mejores condiciones posibles. Sin embargo hemos de organizar nuestro trabajo de acuerdo a las posibilidades disponibles, con lo que hay. El malestar que produce esta situación genera una reflexión sobre nuestro auténtico papel en el sistema ¿Qué somos para los políticos? ¿Qué somos para los gestores? ¿Qué hacer para no morir en el intento?

 

2. La politización de la gestión en atención primaria
Joan Gené Badia
Médico de familia. Doctor en Medicina. CAPSE. Departament de Salut Pública. Universitat de Barcelona.

 

Resumen:

En los ochenta aparecieron los gerentes hospitalarios para contener un gasto sanitario que crecía exponencialmente. No eran sanitarios y aportaron orden administrativo a unas organizaciones hasta entonces dirigidas por médicos y enfermeras. Contribuyeron a racionalizar aspectos como la gestión de personal o las compras, pero prestaron escaso interés a los procesos asistenciales. Su perspectiva, algunas veces radical, sirvió para neutralizar el entonces excesivo liderazgo sanitario pero no facilitó la comunicación. Surgió una pugna por el liderazgo y se estableció un cisma entre los aspectos clínicos y los de gestión.

En los noventa, tras el fracaso de muchas de estas medidas estructurales para la contención del gasto, surgió el interés por la micro-eficiencia. Aparecieron iniciativas como las del mercado, la separación de funciones, las privatizaciones, los incentivos o los cambios de figuras jurídicas. En el entorno de la gestión sanitaria se instauró forzosamente un discurso empresarial. Preocupaba la cuenta de resultados, los beneficios y su reparto. Temas que en algunas autonomías como Catalunya llegaron a impregnar el discurso profesional de los médicos de atención primaria del sistema público. Algunos, incluso lo abandonaron para crear sus propias empresas de atención primaria (Entidades de Base Asociativa) que vendían sus servicios al sistema público de salud.

El discurso de la micro-eficiencia también se agotó ya que no contribuía a mejorar la efectividad del sistema. Poco importaba conseguir que las visitas fueran cada vez más baratas, lo que realmente interesaba es que hiciéramos correctamente las visitas que debían hacerse. Este discurso de la efectividad, introducido por Muir Gray, impregna la gestión del siglo XXI. Surge el interés por las agencias de evaluación de tecnologías, por las guías de la práctica clínica, los modelos de calidad, los sistemas de información y por el papel autónomo del paciente dentro del sistema. Finalmente la gestión se ocupa de los procesos asistenciales y aborda temas que interesan a los profesionales.

Desafortunadamente son pocos los gerentes que aborden su labor desde esta perspectiva actual. La razón fundamental se encuentra en la excesiva politización de un sistema sanitario financiado y proveído desde el sector público, que no concede ninguna participación al paciente. La politización de la gestión sanitaria lleva paradójicamente a que no existan políticas sanitarias. Se busca el éxito a corto plazo y la fidelidad al proyecto político de partido más que a la introducción de políticas sanitarias que redunden en un beneficio sobre la salud de la población. Los continuos cambios políticos promueven variaciones en los cuadros directivos y modificaciones radicales del discurso y las estrategias. Todo ello contribuye a generar un profundo escepticismo en los profesionales que ya están inmunizados ante las “reformas”.

Los colegios profesionales y las sociedades científicas también son responsables del divorcio entre gestores y sanitarios. Se encuentran cómodos defendiendo los “trabajadores” del sistema y considerando a los gestores como “la administración”. Como si los gerentes fueran ajenos a su gremio, a pesar de que muchos de ellos sean médicos. Sorprende que estas organizaciones no vean que la gestión sanitaria no es más que la ordenación de los procesos sanitarios y que en si misma es una actividad sanitaria.

Urge una profesionalizar la gestión sanitaria, especialmente en atención primaria. Las sociedades y los colegios pueden ser de gran ayuda para conseguirlo.

 

3. El derecho a estar enfermo
Vicente Verdú
Escritor y periodista. Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona. Felow de la Nieman Foundation for Journalism de la Universidad de Harvard.

 

Resumen:

La Ilustración que fundó el museo para que las obras de artes, antes de propiedad privada, pudieran ser contempladas por el pueblo, también instauró la institución hospitalaria. ¿Y qué era el hospital?: el museo de las enfermedades expuestas ante el gran público.
Desde el espacio doméstico donde se mantenía oculta a los ojos de los demás, la enfermedad y el enfermo, se colectivizaron. No había propiedad particular sobre el mal, sino que a través del contagio, el mal se hacía parte de la cosa pública. Y contra el mal público, el bien público.
Contra la idea de la enfermedad colectivizada, la idea de sanidad para todos.
El derecho a la felicidad que introdujo la Ilustración –frente al deber de ser infelices aquí para alcanzar el Cielo- se corresponde, entre otras conquistas, con el derecho a la salud. El bienestar pasó de la exclusiva sala de estar o la alcoba al Estado del Bienestar.

La enfermedad se ha venido a convertirse en un derecho. El derecho a estar enfermo y, además, el derecho a declararse enfermo que viene a resultar ser una suerte de habeas corpus de más alto nivel.
El que se declara enfermo, como el que se declara inocente, queda investido de un blindaje que le defiende de un eventual abuso, no consignable en el supuesto de que se encontrara sano. El que se declara enfermo contará con una adicional protección que le permitirá defenderse mejor de la explotación, la traslación, el despido o el rechazo.
Ser enfermo ha pasado a integrarse así plenamente entre los derechos de la ciudadanía contemporánea. Todos somos enfermos o estamos permanentemente enfermos. La crónica de la cotidianidad es la cronicidad de la enfermedad. Y la cronicidad de la enfermedad podrá ser considerada como un avance civilizatorio. Una circunstancia propia de la ciudadanía
¿Verdadero?
¿Falso?



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